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2012. Una leona celíaca

A Jorgelina Bertoni ex leona y campeona mundial con el seleccionado de hockey en 1993, descubrir que era celíaca le mejoró su calidad de vida y rendimiento deportivo. Sufría de dolores intestinales y hasta tuvo que pasar por varias endoscopias antes del diagnóstico. En esta entrevista nos cuenta su historia, su presente y diversas anécdotas sobre cómo convive con la condición celíaca.

 

Parecería que ser deportista de alto rendimiento le jugó en contra a Jorgelina mientras averiguaba los motivos de sus constantes dolores de panza. Se sometió a cinco endoscopías (sin anestesia, a pedido de ella) en las que los gastroenterólogos que la trataban buscaban en diferentes patologías las causas de su malestar, sin éxito alguno. Los médicos le sugerían que fuera al psicólogo. Hace ocho años, a su médico clínico se le ocurrió que ella podía ser celíaca. Y así resultó.

 

A los síntomas que ella experimentaba se sumaba una anemia crónica que no la ayudaba en los duros entrenamientos. A partir de la dieta todo mejoró: “Es que antes la anemia me producía falta de oxígeno, y los entrenamientos a veces los padecía mucho”. En 1998 le realizaron una entrevista y le preguntaron cómo se relajaba luego de los partidos. Ella respondió: “Me cuesta mucho relajarme porque cuando termino de jugar siempre me duele la panza”. El estrés que le generaba cada partido le producía cólicos, producto de haber comido pastas antes del juego. Incluso tuvo que salir de la cancha en un par de oportunidades “para ir corriendo al baño”.

 

Cuando se enteró del diagnóstico, lloró mucho al principio. Recuerda con humor que apenas volvió a su casa la llamó su mejor amigo, al cual ella le contó que acababa de enterarse de que era celíaca. Él le contestó: “Tus viejos te mintieron. ¿No sos argentina? ¿Sos de Celia?”.

 

Pasó por una etapa de adaptación en la cual la dieta le costó bastante. Al principio no la respetaba en su totalidad, pero cuando descubrió que haciendo las cosas bien se sentía mejor, asumió la celiaquía como parte de su vida. Siendo una persona de buen comer, le daba mucha bronca no poder probar un montón de cosas, y hasta dejó de ir al “tercer tiempo”[1] de los partidos de hockey.

 

De a poco sus compañeras se ocuparon de que hubiera productos aptos, y ahora cuenta que luego de los partidos a veces se “cruza” en el tercer tiempo con otras chicas celíacas de otros clubes. ¡Sí las hay! Y se intercambian galletitas. Entre las “cosas ricas” que más extraña, menciona las tortas, el pan y las rabas. Hoy se lleva su recipiente con galletitas a todos lados y nos cuenta, entre risas, que “si llegan las 3 pm y no comí nada, me agarra un tremendo mal humor”.

 

En referencia al “mal humor” producto de la limitación en la ingesta de harinas con gluten y sus derivados nos cuenta que, como ella no cocina, su mamá muchas veces le prepara algunas de sus comidas preferidas, como las milanesas. Se acuerda de una vez que su madre le había prometido que esa noche, luego del entrenamiento, comería milanesas preparadas por ella. Hacía muchísimo que no las comía y estaba realmente contenta y ansiosa por llegar a su casa. Se encontró con que su mamá le anunció con pesar que se le habían quemado. Esto provocó una reacción en Jorgelina, que se fue enojadísima a dormir, sin bañarse, sin comer y sin consuelo. ¡Quería comerlas realmente!

 

Como celíaca dice que “somos desconfiados”, sobre todo cuando “vamos a comer afuera”. Le pasó de estar cenando en un hotel cinco estrellas, con menú apto para celíacos, con logo y todo. Eligió un pescado y, cuando el mozo lo trajo, ella sospechó que tenía harina. Le preguntó: “¿Está empanado?”, y la respuesta fue: “Por supuesto, señorita”. Luego de esto armó un escándalo por el desconocimiento que tenían sobre el tema y los problemas que podrían haberle ocasionado.

 

Hoy, conocer el diagnóstico y seguir la dieta le permiten haber mejorado de manera notable su rendimiento deportivo. Juega y entrena arduamente. Teniendo en cuenta que compite con chicas de veintidós años promedio, ¡está muy bien! Resalta que ahora el hockey se “volvió muy físico” y los entrenamientos son más exigidos aún.

 

Jorgelina fue capitana de su equipo, y en tal sentido era la primera en llegar y la última en irse; muy constante y sistemática en su dedicación al deporte. Esta conducta le permitió estudiar una carrera universitaria a la par que jugaba, entrenaba y viajaba. Y la habilita hoy en su trabajo a integrar sus dos vocaciones (socióloga y deportista), llevando al hockey a distintos pueblos, donde a veces, en una cancha de tierra batida y con palos conseguidos en distintas partes, logran que chicos de diferentes condiciones sociales accedan a este deporte de equipo, otrora elitista. Hoy el hockey se popularizó, dice Jorgelina. “Se apoya al deporte como política de Estado y de inclusión real; herramienta eficaz de educación.” Ella afirma que invertir en deporte es ahorrar en salud y seguridad.

 

 

 

Jorgelina Bertoni

Juega al hockey desde hace treinta y dos años; tiene treinta y ocho. Jugó veintidós años en primera. Fue campeona intercontinental en 1992, campeona mundial junior en 1993 y campeona panamericana en 1994, entre otros éxitos deportivos. Actualmente es jugadora del club Banfield y del seleccionado de Buenos Aires. Es socióloga, recibida en la UBA. Trabaja para el gobierno de la provincia de Buenos Aires en planes de inclusión social a través del deporte desde hace tres años y medio.

 



[1]          El tercer tiempo en los partidos de hockey y rugby es el momento del encuentro, donde ambos equipos comparten algo para comer y tomar.


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