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La Historia de Joaquín y Gabu.

Los padres de Joaquín y Gabu nos cuentan en esta nota cómo lograron acceder a alimentos libres de gluten para sus hijos celíacos, en pandemia, cuando las escuelas y los comedores escolares dejaron de funcionar: la historia de Joaquín y Gabu, niños celíacos que reciben alimentos libres de gluten en Moreno y Escobar respectivamente.

 La historia de Joaquín

 Moreno

Joaquín vive en Moreno, provincia de Buenos Aires, tiene nueve años y es celíaco desde los siete. Asiste a una escuela pública donde, a pesar de la insistencia de su mamá, nunca le dieron un desayuno apto. Sin embargo, en estos meses de cuarentena pudo obtener un bolsón con alimentos de parte del SAE (Servicio Alimentario Escolar). Su mamá habló con Aglutenados y nos contó su historia.

 

“Cuando Joaquín se enteró de que era celíaco se adaptó fácilmente a la dieta libre de gluten, está atento al logo en los productos y nunca transgrede”, cuenta su mamá. A veces le cuesta un poco en los cumpleaños o eventos familiares, pero se lleva su propia vianda y puede disfrutar al igual que todos.

 

Para su familia fue un gran cambio. Joaquín tiene una hermana de cuatro años que por el momento no es celíaca. Por ende, el único que come comida apta es él. La mamá, Yanina Rieppi, confiesa que la cuestión de los precios sí fue un problema: si por ella fuera, cocinaría siempre sin tacc para evitar la posible contaminación cruzada, pero sería muy costoso.

 

La situación se complicó en el colegio. Se trata de una escuela de medio turno y sólo ofrecen un desayuno a media mañana, pero a Joaquín no le ofrecieron ninguna opción apta. Las viandas las reparten desde el SAE, y a pesar de los reclamos por parte de la familia de Joaquín, no hubo respuesta durante estos años.

 

Incluso se sintió excluido en algunas ocasiones, por ejemplo cuando se propuso cocinar pan casero en la escuela. Cuando la mamá se enteró y explicó que su hijo no sólo no puede comer ese pan sino que tampoco puede manipular harina de trigo, la respuesta del colegio fue que Joaquín no asistiera a clases ese día. Tampoco era incluido en las Pascuas o el Día del Niño… hasta que el año pasado una maestra se involucró y con ayuda de la cooperadora le compraron alimentos aptos.

 

El año pasado, a través de una comisión de familia que se realiza en la escuela, se hizo una petición al consejo escolar para que Joaquín fuera incluido en el SAE, presentando todos los estudios correspondientes. Sin embargo, tampoco tuvo resultado.

 

Desde el comienzo del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio a causa del covid-19, se están enviando bolsones de alimentos a los colegios estatales desde el consejo escolar. Yanina dice que ningún bolsón tenía alimentos libres de gluten, y reclamó al colegio y también al municipio de Moreno.

 

Yanina es docente, y en el colegio en el que trabaja se encontró un día con personal del SAE, aprovechó la oportunidad para explicar la situación de su hijo, y le tomaron los datos. Al día siguiente la llamaron y le trajeron, finalmente, el bolsón sin tacc.

 

Su insistencia y su lucha sin descanso para mejorar la calidad de vida de su hijo fue difícil pero no en vano. Hoy pueden disfrutar del bolsón que contiene alimentos variados como leche, huevos, aceite, premezcla, polenta, atún, arroz, entre otros.

 

Además, ella publicó su historia en el grupo de Facebook “Celíacos Unidos en Argentina” y agregó en la descripción: “Hoy nos entregaron el bolsón de alimentos aptos para celíacos con todos estos productos. Me emociono al contarlo y al verle la carita de felicidad a mi hijo. Quiero decirles que nunca bajen los brazos y que sigamos luchando para que nos visibilicen, quizás a muchos les parezca una pavada, pero para mí es muy importante”. La publicación tuvo más de 500 “me gusta” y 180 comentarios.

 

 

 

La historia de Gabriela

Escobar

Gabriela Almada tiene once años y recibe ayuda por parte de la escuela para poder sobrellevar su alimentación libre de gluten. La situación se vio afectada por la pandemia a causa del covid-19, y la institución tuvo que modificar su modalidad de entrega.

 

Gabu, como la llaman sus íntimos, es de Escobar y se enteró de su celiaquía hace ya tres años. Su mamá, que tiene cinco hijos, se encontraba en una situación económica complicada y, al ver que los precios de productos para celíacos eran más elevados, pidió ayuda al colegio rural Paula Albarracín de Sarmiento para que le brindaran viandas celíacas. “Se tomó todo en cuenta desde el primer día, la contaminación cruzada, hubo charlas con los padres, mucha solidaridad… la verdad no me puedo quejar”, cuenta Elena Benítez, mamá de Gabu.

 

Todo marchaba bien hasta que el 15 de marzo el gobierno nacional anunció la suspensión de las clases en todos los niveles educativos por la pandemia del covid-19 que se cernía sobre la Argentina. El presidente fue claro cuando propuso que las escuelas que entregaban servicio de viandas deberían seguir abiertas para proporcionar ese servicio.

 

Para los celíacos, el hecho de quedarse en casa puede ser más seguro y cómodo porque no se corren riesgos en cuanto a la contaminación cruzada y se sienten seguros de que cada alimento que utilizan para cocinar sea libre de gluten. En el caso de Gabriela, la escuela modificó su modalidad y ahora le envían canastas con productos cerrados cada quince o veinte días. “Tengo que hacer malabares”, dice la mamá, y agrega: “Sobre todo porque antes la vianda que le daban en el colegio le rendía hasta la noche”.Elena ahora recibe paquetes para su hija de fideos, arroz, latas de arvejas, choclo, aceite, puré.

 

Sin embargo, por más que la situación se vio afectada, la familia de Gabu estuvo dispuesta a acompañarla y ayudarla. Ahora, que están todos en casa, sus hermanos casi siempre comen sin gluten. Elena cocina para todos, se ayuda con Google para buscar recetas variadas y ricas. Cada tanto también recibe ayuda de la iglesia San Cayetano y de los vecinos de Escobar.

 


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